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¿Una distracción? Trump reaviva el miedo a los inmigrantes para que no se hable de otra cosa

El presidente Donald Trump es un hombre que ha pasado buena parte de su vida en medios, conoce maniobras para manejar la atención y llevarla hacia dónde quiere dirigirla.


Precisamente por ello, muchos repararon en que en la recta final hacia las elecciones de mitad de periodo que definirán el control del Congreso, el presidente ha escalado su retórica en un tema en particular, el mismo que le dio buen resultado electoral en 2016: inmigración e indocumentados.


En las últimas semanas, el blanco preferido del presidente ha sido la caravana de migrantes centroamericanos que se encuentra en el sur de México, a miles de millas de EEUU.


Enviar hasta 15,000 tropas a la frontera, "ciudades de carpas" para la caravana 'invasora', anular la Enmienda 14 de la Constitución con una orden ejecutiva (algo que es precisamente inconstitucional) para que los hijos de indocumentados nacidos en el país no tengan ciudadanía automática fueron algunos de los rimbombantes anuncios del presidente.


A solo días de las elecciones, ¿es una casualidad que Trump hable de esto cuando las crisis más urgentes no tienen nada que ver con los indocumentados?


"Los anuncios provenientes de la Casa Blanca en la última semana sobre la inmigración sin duda parecen ser parte de una estrategia electoral", dijo a Univision Noticias, Sarah Treul Roberts, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. "Son un recordatorio a su base de que él es duro con la inmigración y que es importante votar por candidatos como él".


Con sus comentarios Trump torció la agenda, al menos la de su medio preferido, el conservador canal de cable Fox News. El resto de los medios también deben seguir la pauta que marca la Casa Blanca, pero intentan hablar de temas de actualidad que sí son una real preocupación de cara a las elecciones del 6 de noviembre.


Mientras tanto, algunos temas importantes como estos están siendo dejados a un lado:


1- Una semana violenta


En la última semana la sociedad estadounidense estaba consternada porque el clima de violencia política llegó a un punto álgido. Varios demócratas de alto perfil, empresarios donantes de ese partido y la cadena de noticias CNN fueron blanco de paquetes bomba (ninguno de ellos estalló) enviados por un fanático del presidente, el residente de Florida Cesar Sayoc.


Apenas 24 horas después de que apresaron a Sayoc, un hombre perpetró una masacre en una sinagoga de Pittsburgh, Pennsylvania, en la que 11 judíos murieron en el mayor ataque de odio contra esa comunidad en EEUU.


El atacante, Robert Bowers, es un supremacista blanco antisemita y antiinmigrante. El hombre participaba en redes sociales de ultraderecha y si bien era crítico del presidente, utilizaba lenguaje similar al del mandatario. Antes de llevar a cabo la masacre aseguró en su último mensaje en la red social Gab que los judíos eran los que estaban promoviendo la llegada de "invasores que matan a nuestra gente".


Analistas, medios de comunicación y la gente en redes sociales vincularon estos episodios a la retórica incendiaria de Trump, quien lejos de bajar el tono culpó a los medios de ser los que hacen enojar a gente como Bowers.


Entre las bombas y la masacre, la caravana que está a miles de kilómetros había perdido lugar en las portadas y la TV en general.


Trump quiso volver a traer la inmigración al centro de la escena e inventó esta suerte de 'guerra ficticia', alimentando la paranoia para impulsar a los votantes.


El asesor y analista especializado en comunicacion política, Javier Maza, dijo que "soltar estas cosas en este momento es una cortina de humo", una estrategia para que la gente no haga foco en algo incómodo para la Casa Blanca. "El de Trump es un manejo astuto de comunicación política. A veces puede parecer un improvisado o ramplón, pero no. Sabe bien lo que está haciendo y diciendo".


"(Esta caravana) Le cayó del cielo a Trump. Y él está aprovechando el tema muy bien. Trump se inventó una 'pequeña guerra', porque la 'guerra' siempre funciona (...) y logra un apoyo mayor al presidente porque, más allá de las discrepancias, en épocas de guerra, la gente se alínea con el presidente", señaló el experto.


2- Medicare bajo amenaza


Muchos señalan que el futuro de Medicare y Medicaid (seguro médico de bajo costo que cubre a unas 73 millones de personas), están bajo amenaza y las elecciones de mitad de período son claves para su futuro.


Republicanos y demócratas tratan de mostrarse como los mejores defensores de la salud asequible.


Trump delineó semanas atrás, en una carta abierta con datos engañosos, su estrategia de ataque contra los demócratas diciendo básicamente que los opositores querían transformar en algo "socialista" la salud en EEUU con un "Medicare para todos", una propuesta electoral que hacen varios candidatos asociados al ala más liberal del partido.


Los demócratas denuncian que los republicanos están impulsando recortes y poniendo requisitos más duros para achicar Medicare.


Los proyectos de ley de republicanos para restringir el acceso a programas médicos (que según estudios podrían dejar a 22 millones de personas sin cobertura) junto a declaraciones como la del líder de la mayoría del Senado, el republicano Mitch McConnell, que culpó a la Seguridad Social por el déficit del Estado, pueden ser muestra de las intenciones que el Partido Republicano tiene si conserva las mayorías en ambas cámaras.


El Seguro Social y Medicare son temas que preocupan especialmente a poblaciones vulnerables y a votantes mayores. La organización de promoción de derechos para gente mayor AARP dice que varias preguntas son escenciales sobre los candidatos y su mirada sobre Medicare a la hora de votar. "¿Cree que Medicare debe ser recortado como un modo de reducir el déficit?", es precisamente una de ellas.


3- Déficit disparado


Contrario a lo que dijo Mitch McConnell (de culpar a la Seguridad Social por el déficit presupuestario) los analistas económicos y la Oficina de Presupuesto del Congreso (órgano bipartidista) lo desmienten.


El déficit presupuestario (resultado de que el gobierno gaste más de lo que recauda y cubra la diferencia contratando deuda) se disparó de 2017 a 2018 un 17% y está en el nivel más alto desde 2012, momento en que el país estaba recuperándose de la gran crisis que implicó multimillonarios desembolsos para reanimar la economía.


Los datos señalan que en realidad, fue aquel masivo recorte de impuestos para empresas y multimillonarios que impulsaron los republicanos en el Congreso en 2017, lo que generó este desequilibrio que promete seguir agravándose.


El déficit fue de $ 779 mil millones en el año fiscal que terminó el 30 de septiembre, un 17% más que los $ 666 mil millones en el año fiscal 2017. El año en curso promete llegar al $ 1 billón


"Los ingresos por impuestos a las ganancias corporativas cayeron en $ 92 mil millones (un 31%), reflejando los pagos de los ejercicios fiscales de 2017 y 2018", explica el órgano bipartidista del Congreso y detalla que las recaudaciones decayeron con la entrada en vigencia de la ley de refoma impositiva impulsada por Trump (P.L. 115-97).


Este déficit en ascenso es especialmente preocupante porque es un desarrollo inusual en una economía en crecimiento y puede ser una señal de que, al menos hasta ahora, los recortes de impuestos no repatriaron los billones de dólares que las empresas tienen fuera de EEUU, como había anticipado el presidente.


Los déficits generalmente se reducen durante los booms económicos porque hay un aumento de los ingresos fiscales debido a que las familias y las empresas tienen más dinero y gastan más.


Expertos señalan que no solo el Estado recauda menos sino que aumentó exponencialmente el gasto, especialmente en tres áreas: intereses de deuda pública, gastos para programas militares y por último el Seguro Social.


"Un déficit de esta magnitud en una economía tan fuerte no tiene precedentes históricos", dijo a The Wall Street Journal Jason Furman, presidente del Consejo de Asesores Económicos en la administración demócrata del presidente Obama y profesor de política económica en la Universidad de Harvard.


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